3 oct. 2018

"Viejo caníbal" de Daniel P. Espinosa


Qué dulce y tierno”. Dos adjetivos amables que encierran un infierno cuando sabemos que fue los que utilizó Albert Fish para referirse al cuerpo de una niña a la que despedazó y devoró. 


Albert Fish, ese anciano de apariencia afable e inofensiva a quien se le atribuyen más de cien crímenes y que fue ejecutado en la silla eléctrica. La obsesión del doctor Isaac Prey, su psiquiatra, quien está convencido que Fish no fue realmente el Vampiro de Brooklyn y hará lo que sea necesario para demostrar la inocencia del anciano… y eso incluye utilizar una técnica que le hará pensar y sentir como él para así seguir sus pasos y atrapar al auténtico caníbal. Un viaje a la devastación, a la locura, que llevará al psiquiatra a tal nivel de degeneración del que no hay vuelta.


Espectacular novela de ficción basada en un hecho real que se ha marcado Daniel P. Espinosa, espectaculares las sensaciones que te envuelven en cada página. Ya en Aplaudan al salir vimos, sentimos, padecimos… la enorme habilidad que tiene Daniel para crear atmósferas angustiosas y asfixiantes, con escenas que alcanzan el más absoluto terror y tan bien descritas que consiguen provocar malestar. 

Lo que más fascina de Viejo Caníbal es el viaje que representa. En las primeras páginas la convicción del doctor Prey sobre la inocencia de Fish es contagiosa. Realmente te planteas si a Fish le han utilizado de chivo expiatorio y el verdadero asesino está suelto, pero según avanzan las páginas y te ves envuelto en esa espiral de oscuridad y depravación, sabes que el viaje va a acabar en el propio Infierno…. pero no puedes parar de leer, no quieres despegarte del psiquiatra, se convierte en una necesidad ver la evolución de este personaje, de contemplar cómo su mente se pierde. Y cuando piensas que no puede ir a peor, te llega la escena final que cierra esta historia… y que es un mazazo.


Viejo caníbal es opresiva y espeluznante, una novela de terror de las de verdad, de las que se quedan en el subconsciente para rellenar pesadillas nocturnas y diurnas, porque no nos olvidemos que está basada en un hecho real. Albert Fish violó, mató y devoró carne humana fuera de las páginas de un libro. Y se casó, tuvo una familia, vivió en un vecindario, trabajó…. 


Los monstruos no están debajo de la cama. 





Estimada señora Budd. En 1894 había hambruna en China. La carne de cualquier tipo costada entre uno y tres dólares por libra. Tan grande era el sufrimiento entre los pobres, que todos los niños menores de doce años eran vendidos como alimentos. Usted podía entrar a cualquier tienda y pedir un corte en filete o carne de estofado. El trasero de un chico o chica es la parte más dulce del cuerpo era vendida como chuleta de ternera a muy alto precio. Mi amigo el capitán John Davis, asistente en el barco Tacoma, regresó a Nueva York, robó a dos chicos de siete y once años, los llevó a su casa, los desnudó, los encerró en un armario, y los azotó varias veces por día para que su carne fuera más tierna. Primero mató al chico porque tenía el trasero más gordo. Cada parte de su cuerpo fue cocinada y comida excepto la cabeza, huesos e intestinos. El chico pequeño fue el siguiente. En aquel tiempo yo vivía en la calle 409 E 100 cercana a la derecha. Él me decía cuán buena era la carne humana, y decidí probarla (…) El domingo 3 de junio de 1928 hice lo mismo con su hija Grace. Le llevé un pote de queso y fresas. Almorzamos. Me besó. Con el pretexto de llevarla a una fiesta, la encerré en una casa vacía, en Westescher. Cuando me vio completamente desnudo comenzó a llorar y corrió escaleras abajo. La atrapé, la estrangulé, la corté en pequeños trozos, los cociné y los comí. ¡Cuán dulce y tierno fue su trasero al horno! Me llevó nueve días comer su cuerpo entero. No la follé, aunque pude haberlo hecho. Murió virgen".
 
Carta anónima enviada a los padres de Grace Budd en noviembre de 1934. En la foto, Albert Fish.

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