15 oct. 2014

Grandes fragmentos XXIII

El pasado no existe, pienso. El pasado es una sombra, no es más que una ilusión, un juego de espejos y luces, un reflejo irreal de algo que jamás sucedió. El pasado son sombras chinescas contra la pared, son mentiras que nos contamos a nosotros mismos, son juguetes rotos con los que ya no queremos jugar. El pasado no existe.
El pasado no existe, me repito lentamente. El pasado no es más que una mentira.
Me aferro a ese pensamiento y dejo que sus consecuencias me empapen. Y, de pronto, las conjeturas absurdas se vuelven razonables, las hipótesis descabelladas resultan plausibles, las suposiciones insensatas son lógicas y las posibilidades imposibles se convierten en probables.
Salgo del agua lentamente. La primera bocanada de aire es como la caricia de una amante. 

El ático, relato incluido en "Mañana todavía". Rodolfo Martínez. 

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