21 nov. 2013

Nekromanteia. Rituales de los muertos

Malos tiempos aquellos en los que los muertos abandonan los cementerios y vuelven a sus casas o se quedan deambulando por la ciudad. Malos tiempos también para Etham Loss, un practicante de la más oscura de las magias: la nigromancia. Completamente obsesionado por el suicidio de su novia, busca sin descanso su espíritu invocación tras invocación mientras a su alrededor se forma un apocalipsis en el que tiene un papel que bajo ningún concepto quiere aceptar. Y mientras a su alrededor todo se desmorona, Loss tendrá que hacer frente al acoso de sectarios, espectros, muertos vivientes y resto de nigromantes.

Nekromanteia: Rituales de los muertos  es un viaje a lo oscuro, a lo aterrador, a lo demoníaco  En esta historia conoceremos a Etham Loss, un nigromante solitario, autodestructivo, amoral, sociópata, con una clara falta de empatía y muy, muy obsesivo. No es que esté precisamente rodeado de los personajes más maravillosos del mundo: Mara, su novia suicida, guarda un odio enorme en su interior. Noa, su maestra, sólo busca hundirle y sentirse superior. Darren es útil, pero para conseguir cadáveres mientras sacia su repugnante deseo necrófilo. Margoth sólo busca el placer y está dispuesta a  bajar a los mismos infiernos para conseguirlo. Básicamente, lo mejor de cada casa.

Loss, quien sólo ve cadáveres andantes a su alrededor, con la mirada siempre puesta en la muerte y que en ningún momento olvida lo desolador que es el otro lado pero que a pesar de todo consigue despertar nuestra simpatía. Es un antihéroe perfecto al que acompañar mientras va descubriendo una trama que le implica en el final de todo y es objeto de un acoso continuo.

Nekromanteia es de las novelas más oscuras que ha caído en mis manos en este año. Todo en ella es sombrío. La ciudad es tenebrosa, con un cielo plomizo. Las viviendas son oscuras. Los personajes son detestables. Todo ello provoca un ambiente opresivo que Daniel P. Espinosa aprovecha de una forma impecable para generarnos, como mínimo, una sensación de desazón. Después de su lectura no se mira igual a las sombras que nos rodean, así que nadie se sorprenda si de pronto empieza a dar todas las luces cuando deambula por su casa de noche o a echar vistazos debajo de la cama antes de irse a dormir.

Otro de los aspectos que hay que destacar de esta novela es el trabajo de documentación que ha realizado Espinosa. Toda una colección de grimorios sustentan los rituales que en él aparecen cuyos fragmentos además se utilizan para iniciar los capítulos: Las llaves del rey Salomón, el Lemegeton o el Heptameron por citar solamente a tres. Al final del libro hay un apéndice donde se citan más libros con los que saciar la curiosidad sobre este tipo de magia. De estas fuentes también se obtiene la complejidad del mundo de los espíritus de Nekromanteia donde no sólo aparecen espectros sino también encontramos sombras, parásitos y los más espeluznantes, las larvas, esos espectros infernales, restos de personas absolutamente malvadas con las que tendrá que verse Loss.

Si el personaje del nigromante Loss o los rituales basados en grimorios auténticos no son suficientes para despertar el interés del futuro lector puede hacerlo la novela en sí. Nekromanteia es una  historia que seduce en cada página, con un ritmo tranquilo que atrapa hasta el final y que además se nota que es de Espinosa, un escritor especial que consigue transmitir y hacerte sentir. En su primer libro, “Aplaudan al salir” la angustia y el desconcierto se contagia de los personajes al lector y en Nekromanteia vuelve a conseguirlo: desazón, malestar, hasta se puede sentir la obsesión de Loss. 


Lo único que puedo reprocharle a Espinosa es tal vez una falta de espectacularidad en el final, aunque se compensa con la última escena que cierra el libro. Bueno, eso y que no vaya a escribir una segunda parte en un breve plazo.

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