6 nov. 2013

Grandes fragmentos XX

- Sabemos - dijo el teuthex. Un sermón-. Sabemos que son tiempos extraños. Los hay que piensan que ha llegado el final.
Hizo otro gesto de desdén.
- Os pido a todos que tengáis fe. No tengáis miedo. <<¿Cómo puede haber sucedido?>>, me ha preguntado la gente. <<¿Por qué no están haciendo nada los dioses?>> Recordad dos cosas: los dioses no nos deben nada. No es por eso que los veneramos. Los veneramos porque son dioses. Ese es su universo, no el nuestro. Eligen lo que eligen, y no es nuestro cometido el saber por qué.
Madre de Dios, pensó Billy, qué teología más macabra. Sin el quid pro quo emocional de la esperanza, lo raro era que hubiera alguien en la sala. Eso fue lo que pensó Billy, pero se dio cuenta de que no había nihilismo en aquella estancia. Que dijera lo que dijera el teuthex, estaba llena de esperanza; y él, el teuthex, pensó Billy, también albergaba una esperanza sosegada. La doctrina no era exactamente la doctrina.
- Y dos - continuó Moore -, recordad el movimiento que parece inmóvil. 
A eso le siguió un escalofrío.
No hubo comunión, nadie repartió... ¿qué?, ¿calamares rebozados sagrados? Solo un himno sin palabras, discordante y deslavazado, una oración silenciosa, y los fieles se marcharon. En su desfile, todos ellos miraron a Billy con ojos ávidos e insondables. Los jóvenes parecían especialmente voraces, ansiosos por cruzarse con su mirada.
Dane y Moore fueron a reunirse con él.
- Bueno - dijo el teuthex-. Esta ha sido tu primera misa.

China Mieville. Kraken.

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