22 feb. 2011

Grandes fragmentos XIII

¡Tiembla, hipócrita depravado! ¡Parricida inhumano! ¡Violador incestuoso! ¡Tiembla ante la magnitud de tus delitos! ¡Y eras tú quien se consideraba exento de toda tentación, libre de las humanas debilidades, y lejos del error y del vicio! ¿Es acaso el orgullo una virtud? ¿No es la crueldad un pecado? ¡Sabe,hombre vanidoso, que hacía tiempo que te tenía señalado como mi presa: vigilé los movimientos de tu corazón: vi que eras virtuoso por vanidad, no por principios, y aproveché el momento oportuno de seducción! Observé tu ciega idolatría del retrato de la Virgen. Ordené a un espíritu subordinado y hábil que adoptase una forma similar, y ansiosamente te rendiste a los halagos de Matilde. Tu orgullo se sintió satisfecho ante su adulación; tu lujuria sólo necesitó la ocasión para manifestarse: corriste a la trampa ciegamente, y no tuviste escrúpulos en cometer un crimen que censuraste a otros con despiadada severidad. 

El monje. Matthew G. Lewis. Valdemar Gótica. 

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