19 ene. 2011

Grandes fragmentos XI

- Cuando difundí la historia de los tiburones en Marsella, todos los establecimientos de  baños de mar, desde los Catalanes hasta la Playa del Prado, quedaron desiertos durante muchas semanas, el alcalde dijo que los tiburones habían venido sin duda de Córcega siguiendo a un buque que había tenido que arrojar al agua algún cargamento averiado de carnes ahumadas, la Comisión Municipal pidió que se enviara una compañía armada de chassepots para una expedición a bordo de un remolcador, ¡y llegaron efectivamente cien, al mando del general Espivent! ¿Y la historia del lago de Ginebra? ¡Acudieron corresponsales desde todos los rincones de Europa! Se pusieron a decir que la ciudad sumergida había sido construida en la época de los Comentarios de Julio César, cuando el lago era tan estrecho que el Ródano lo atravesaba sin confundir en él sus aguas. Los barqueros locales hicieron su agosto conduciendo a turistas en medio del lago,, y vertían aceite en el agua para ver mejor... ¡Un célebre arqueólogo  polaco mandó a su patria un artículo en el que decía haber distinguido los restos de una plaza pública con los pedazos de una estatua ecuestre! La característica principal de la gente es que está dispuesta a creérselo todo. Por otra parte, ¿cómo habría podido resistir la Iglesia casi dos mil años sin la credulidad universal?

El cementerio de Praga. Umberto Eco. Editorial Lumen. 

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