14 dic. 2010

Grandes fragmentos X


Advertencia: Soñar es perjudicial para la salud y para la cordura (incluso las de los demás); Aunque parezca cruel, hay que renunciar a los sueños.

Si obedece este consejo, el caminante respira aliviado, pues descubre que acaba de coronar una empinada cumbre. Más allá, la senda se desliza en un declive que apenas exige esfuerzo a las piernas, el corazón o la mente. Pero el descanso que ofrece esta nueva forma de viajar acarrea una contrapartida: por largo y sinuoso que sea el camino, el final del trayecto está ya a la vista. Nada hay que oculte la desnuda pared que nos aguarda.

Pues tal es la virtud de los sueños: que apartan nuestra mirada del huesudo rostro de la muerte.

La espada de fuego. Saga de Tramórea I. Javier Negrete. 

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