25 ago. 2010

Atlántida

Gigantes con pies de barro tal vez sea la descripción que más nos defina a los seres humanos. Capaces de obras de ingeniería espectaculares que se asientan sobre un planeta que ya no nos es amable y que nos recordará lo pequeños que somos a su lado y lo desprotegidos que estamos.

Un escenario poco optimista el de la última novela del profesor de griego Javier Negrete, con un planeta cuyos movimientos en su interior son claramente hostiles y pondrán en jaque nuestra supervivencia, tal vez una réplica de algo que ocurrió hace 3.500 años y que supuso la desaparición de la poderosa y próspera Atlántida, la tierra de esos hombres y mujeres tan cercanos a la divinidad.

Y precisamente el mito de la Atlántida es el que da nombre a la novela y forma la columna vertebral de esta historia. Un mito conocido por todos pero que, tal y como ya consiguió Negrete en “Señores del Olimpo”, huele a nuevo, dándonos una narración de ritmo trepidante que quita la respiración, una carrera contra reloj para desentrañar los misterios de la antigua (y tal vez más actual de lo que nos pensamos) Atlántida a la vez que se lucha por la supervivencia.

¿Y sobre qué hombros caerá tan titánica tarea? Pues tal vez sobre el personaje menos heroico que nos podemos encontrar. Su nombre es Gabriel Espada, un alma errante que ya sobrevive como puede a su propio día a día, un hombre muy normal con sus propios fantasmas y sus propios problemas y que hará frente a lo que se le avecina. Por suerte tiene una tropa de personajes detrás para acompañarle en su peripecia, incluidos a algunos que tal vez han visto muchas cosas.

Atlántida en definitiva es una gran novela, en la línea de lo que nos tiene acostumbrados Negrete. Sus personajes son muy ricos en matices, verosímiles y profundos. Las descripciones de la Atlántida espectaculares, tan ricas en detalles que se forman sus imágenes perfectamente en tu cabeza, transportándote a un pasado remoto con soltura. La narración perfecta, manteniendo la tensión desde el principio hasta el desenlace, lo que hace que sea una historia tremendamente adictiva, de las que quitan horas de sueño para seguir leyendo. Es Negrete por los cuatro costados.




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