20 ene. 2010


En Mayo de 1891 el reconocido detective Sherlock Holmes muere en las cataratas Reichenback arrastrando con él a su archienemigo, el Doctor Moriarty. Watson, cronista de los casos de Holmes, afronta la pérdida de su amigo escribiendo un relato con lo que deduce que pudo ocurrir en esos últimos días de la vida del detective, sin embargo, la ficción que él mismo relata no se acerca ni por asomo a la realidad, viéndose sumergido en una trama que comienza con Mycroft Holmes, hermano de Sherlock, quien le descubre el terrible estado en que se encontraba el detective, degradado por el consumo de cocaína hasta el límite de no distinguir la realidad de sus alucinaciones. Watson se resiste a creer que la brillante mente de Holmes llegara a esos extremos y comienza un viaje en busca del pasado más íntimo del detective: su familia.


Son muchas las historias que han querido rellenar el vacío que provocó Conan Doyle cuando decidió matar a su criatura hasta que, y recordemos que por la presión de los múltiples fans, revivió al detective. Este cómic forma parte de esas historias y en él Brunschwin y Cécil han conseguido una trama absorbente en la que el lector se une sin duda a Watson en la búsqueda del pasado de Holmes, detrás de una verdad que cada vez parece más complicada. El dibujo, cargado de detalles, ilustra a la perfección la historia, y consigue una gran expresividad en los personajes. En definitiva, una obra muy completa.

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