9 jul. 2009

Un camino iniciático en Portugal

Muy cerca de Lisboa se erige una villa en la que el tiempo se ha detenido: Sintra, declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco en 1995. En un panorama único, microclima incluido que regala nieblas que enmarcan las hermosas edificaciones, se alza la Quinta da Regaleira, una concepción de Carvalho Monteiro quien con el saber del arquitecto de Luigi Manini levantó un templo a la alquimia y a la masonería. Un hermoso palacio acompañado de un frondoso jardín, con lagos, grutas donde la oscuridad es absoluta e increíbles construcciones.


La Quinta da Regaleira es un lugar al que hay que ir sin prisas. Tenemos que contemplar el enorme bosque-jardín y entender la creencia en el primitivismo de Carvalho Monteiro, por lo que la parte de abajo está más ordenada y cuidada que la parte de arriba en una progresión hacia lo salvaje. Antes o después daremos con el pozo iniciático, una escalera en espiral que desciende a través de nueve rellanos relacionados con “La divina comedia” de Dante y los nueve círculos del infierno, del paraíso o del purgatorio. Al fondo, una rosa de los vientos brilla en el suelo. Una simple mirada por las paredes hará que veamos las entradas a las grutas que comunican con distintas zonas de la quinta y en las que será necesario usar linternas.


Hay tanto por ver: el palacio, la capilla, la Torre da Regaleira que proporciona la ilusión de encontrarnos en el eje del mundo, la sucesión de estatuas que representan deidades griegas, la biblioteca de dos plantas con cristal en el suelo… un lugar para perderse, para observar, para comprender.


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