13 jul. 2009

Alarido de Dios

Cuando eres lector de literatura fantástica compartes con los gays el hecho de que antes o después te toca salir del armario y reconocer que te gusta el género. Esto implica que no sólo tengamos que enfrentarnos a un sin fin de tópicos que consideran al genero menor, infantil, sino también a la desidia de las editoriales de nuestro país que hasta el momento mostraban una cobardía extrema a la hora de apostar por escritores patrios. Menos mal la tendencia está cambiando y nos encontramos con autores jóvenes como José Miguel Vilar quien lejos de colarse por la puerta de atrás ha hecho temblar los cimientos.


"Alarido de Dios" representa esa fantasía puesta al servicio de la cruda realidad. Odio y muerte. Miedo y rechazo. Asesinato y tortura. Guerra y desesperanza. Bestialidad que salpica en un mundo que lleva en guerra 100 años, con una ciudad humana que no sabe quienes son más enemigos, si los demonios bajo los que caen en el frente o sus semejantes en el Norte.
Un viaje tras la última esperanza de dos personajes, dos caras de una misma moneda: Dedekáer, el dialogante diplomático y Vervoék, el desquiciado veterano de guerra, puñal de Ü. De fondo, un repertorio de secundarios que hacen crecer a los personajes: Sin Estrella Dedekáer no evolucionaría. Sin Cucho perderíamos parte de Vervoék.


Eso sí, aviso para navegantes: Vilar no se anda con chiquitas y reparte ostias a manos llenas, pero deja colarse entre los nubarrones rayos que hacen recordar que no todo está perdido, que tenemos razones para seguir luchando. Consigue llegar a un equilibrio perfecto en la historia, con retazos de humor y pura ironía incluidos.

Sólo queda una cosa: dar la bienvenida a José Miguel. Te estábamos esperando.


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