1 dic. 2008

El experimento de la cárcel de Stanford

Una de las preguntas que me hago es hasta dónde llega el ser humano en situaciones límites. ¿Y cuándo entra por medio el poder de unos pocos? Con el experimento de la cárcel de Stanford podemos hacernos una pequeña idea.

El experimento tenía como finalidad realizar un estudio psicológico sobre la respuesta a la cautividad de los presos. Para ello se puso un anuncio en los periódicos seleccionando a 24 de todos los que contestaron, aquellos que parecían más estables y sanos. El perfil era común: blanco, universitario y de clase media.

Lanzando una moneda se les dividió en dos grupos: los prisioneros y los guardias, por lo que no había ningún factor que les hiciera estar en un grupo o en otro aunque los prisioneros afirmaron que se eligieron a los más robustos para ser guardias. Acto seguido se pasó a establecer la “prisión” en los sótanos del departamento de psicología de Stanford.

A continuación se repartió la vestimenta: Los guardias llevarían uniforme caqui de inspiración militar, porra y gafas de espejo que impedían el contacto visual. Eran los únicos que tenían horas libres que podían aprovechar para irse a casa aunque muchos se prestaron a cubrir horas extras sin paga adicional. Los prisioneros vestirían batas sin ropa interior y sandalias con tacón de goma que les provocaba una situación física incómoda junto a la cadena que iba unida a sus tobillos. No se les llamaría por sus nombres sino por el número cosido a su uniforme.

Los guardias recibieron una única instrucción: no podían ejercer violencia física, dándoles la libertad de dirigir la prisión como vieran mejor. Los prisioneros fueron enviados a sus casas indicándoles que ya se les llamaría. Tiempo después fueron detenidos por sorpresa bajo la acusación de robo a mano armada por policías de verdad iniciándose el procedimiento de detención habitual e ingresando en la “prisión” preparada.

El experimento no duró más de una semana. Los prisioneros sufrieron un tratamiento sádico y humillante desarrollando rápidamente graves trastornos emocionales. Se abandonó la higiene, ir al baño pasó a ser un privilegio que podía ser negado. Se obligó a los prisioneros a limpiar retretes con las manos desnudas, a dormir en el suelo, la comida igualmente estaba restringida y también se les obligó a ir desnudos y a llevar a cabo actos homosexuales como humillación.

Pero lo más curioso del asunto es que llegó un momento en que se ofreció la “libertad condicional” a cambio de toda la paga. Cuando esta “libertad condicional” fue denegada a ningún prisionero se le pasó por la cabeza abandonar el experimento, incluso cuando dos de ellos fueron sustituidos por el trauma tan fuerte que sufrían.

Y el plato fuerte: de más de las 50 personas externas que siguieron el experimento sólo una, Christina Maslach, cuestionó su moralidad. Para más info, con fotos incluidas: http://www.prisonexp.org/spanish/indexs.htm

3 comentarios:

  1. Hola Aroa!

    Tremendo documento, es difícil imaginar por lo que pasarían.

    Excelente reportaje.

    Saludos.

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  2. Qué tal Aroa!! Soy Susana (Altariel), pues nah, que me he pasado por tu blog a ver que tal y jupe, está genial, muy variado y completito, me seguiré pasando.

    En cuanto a lo del experimento pues ya hice mi comentario en el foro, pero vamos, que este experimento, como muchos otros, son interesantes pero por otro lado impresiona bastante (y hasta da miedo) hasta que punto extremecedor llega la humanidad para obtener conocimientos del comportamiento humano olvidándose de la ética y la moral.

    Un beso!

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  3. Hola chicos. Muchas gracias por pasaros por aqui. Es un gustazo leeros ^^.

    Te doy la razón, Susana. El experimento fascina y aterroriza a partes iguales, sobre todo al ver hasta dónde podemos llegar.

    Lo dicho, muchas gracias por pasaros. Besos a los dos.

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