5 abr. 2008

Meridiano de sangre

(...)La columna se había detenido y los primeros disparos comenzaron a sonar. El humo gris de los rifles se confundía con el polvo que levantaban los lanceros al hacer brecha en sus filas. El chaval notó que su caballo se desinflaba bajo sus piernas con un suspiro neumático. Había disparado ya su rifle y estaba sentado en el suelo trajinando con la cartuchera. Cerca de él un hombre tenia una flecha clavada en el cuello y estaba ligeramente encorvado como si rezara. El chaval habría tratado de estirar la punta de hierro ensangrentada pero entonces vio que el hombre tenía otra flecha clavada hasta las plumas en el pecho y estaba muerto. Por todas partes había caballos caídos y hombres gateando y vio a uno que estaba sentado cargando su rifle mientras la sangre le chorreaba de las orejas y vio hombres con sus revólveres desensamblados tratando de encajar los barriletes cargados que llevaban de repuesto y vio hombres de rodillas bascular hacia el suelo para trabarse con su propia sombra y vio cómo a algunos los lanceaban y los agarraban del pelo y les cortaban la cabellera ahí mismo (...)

Si Dante nos llevó a un Infierno terrorífico de condenas eternas McCarthy nos sumerge en uno aún más terrible al que viste de realidad. Con el desierto que no da tregua a la supervivencia como escenario nos adentraremos en una historia donde el concepto de vida ha perdido todo sentido y el asesinato lo inunda todo.

Un grupo de desheredados del mundo decide enfrentarse en una guerra sucia contra el pueblo indio norteamericano contratados por los colonos que deciden someter a esas tierras. Sin embargo esos hombres ,salvadores en un principio, se convertirán en los Jinetes del Apocalipsis sembrando la destrucción a su paso asesinando también a aquellos que los contrataron.Una espiral de violencia cuyo vórtice es “El juez” un psicópata de los que hacen historia en la literatura o en el cine.

Espectacular obra de un genio vivo como es McCarthy, aunque el lector debe saber donde se mete. La forma de narrar de este autor es, por decirlo de forma suave, muy peculiar y no apta para todo tipo de público. Sin embargo, merece mucho la pena el esfuerzo.

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