28 feb. 2008

No es país para viejos


La historia empieza cuando Llewelyn Moss (Josh Brolin) encuentra una camioneta rodeada por varios hombres muertos. En la parte trasera hay un cargamento de heroína y dos millones de dólares. Cuando Moss coge el dinero, provoca una reacción en cadena de violencia, que la ley, representada por el desilusionado sheriff Bell (Tommy Lee Jones), no consigue detener. Mientras Moss intenta huir de sus perseguidores, especialmente del misterioso cerebro de la operación ( Javier Bardem) que se juega las vidas de otros a cara o cruz, la película pone al descubierto la delincuencia en Estados Unidos y amplía su significado hasta incluir temas tan antiguos como la Biblia y tan contemporáneos y sangrientos como los titulares de esta mañana.
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Ocho nominaciones a los Oscar que se convirtieron en cuatro estatuillas doradas: película, director, guión adaptado y actor de reparto para el grande (y esto va en más de un sentido) Javier Bardem.
“No country for old men” es un trabajo bien hecho desde el principio. Para empezar, adaptar al brillante novelista Cormac McCarthy (premio Pulitzer 2007 por “La carretera”) es el primer signo de que la película va a pasar a la historia. McCarthy es uno de los grandes escritores contemporáneos, creador de unas novelas demodeloras marcadas por un estilo muy personal que recomiendo sin ningún género de duda. Por lo tanto, partimos de una gran historia y necesitamos a alguien que esté a la altura para contarla como se lo merece. No había mejor opción que los Coen. La película es un manual desde que empieza hasta que acaba de cómo hacer buen cine, se derrocha talento por los cuatro costados con un montaje y unos planos de cámara magníficos, donde todo está medido consiguiendo que hasta el desierto cuente la historia. Y por último el grupo de actores: Bardem en uno de los papeles más impresionante de los últimos años. Esa cara enorme enmarcada por un corte de pelo espantoso muestra unos ojos impresionantes y aterradores, los que tiene que tener un psicópata que elige la muerte de sus víctimas utilizando una moneda. Y el derrotismo de Tommy Lee Jones, demasiado viejo como para enfrentarse a una oleada de violencia que no parece tener fin y que le supera, porque al fin y al cabo, éste no es país para viejos.




18 feb. 2008

Reir es sano

Tricicle se ha propuesto desde sus comienzos curarnos todos los males a base de humor y carcajadas, así que definitivamente los geniales cómicos se visten con la bata blanca para traernos una obra basada en Garrick, un actor inglés del siglo XVIII considerado como el primer risoterapeúta, y como no podía ser de otra manera, consiguen hacerte reir hasta la carcajada.
Así que en un escenario espartano se las ingenian para analizar el humor, desglosando desde el tipo de humor propiamente dicho (inteligente, payaso...) hasta el tipo de risa (muy grande). Una sucesión de humor inteligente que se mezcla con el gestual del mimo, con la canción y con la imagen proyectada.
Tan recomendable como cualquiera de sus trabajos.



David Garrick fue un reconocido actor inglés del siglo XVIII. Estaba tan extraordinariamente dotado para la comedia, que los médicos recomendaban sus actuaciones como una especie de "remedio mágico", capaz de sanar cualquier pena del alma. En términos contemporáneos, podríamos decir que Garrick, sin saberlo, fue el primer risoterapeúta de la historia. Hoy, en pleno siglo XXI, cuando conocemos científicamente que los niños ríen unas trescientas veces al día y los adultos tan sólo unas quince, nos proclamamos sus humildes seguidores y le ofrecemos este espectáculo-homenaje que sólo busca (¿sólo?) conseguir que el público olvide sus problemas, rompa sus máscaras y se lance a reír con esos cuatrocientos músculos que dicen que tienen que ponerse en marcha para morirse de risa.